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El sacerdocio, una honra sublime

Imbuida de tintes del anti-clericalismo del siglo XIX, la alta sociedad de los años 30, aunque no le faltasen vocaciones, apartaba a sus hijos del camino del sacerdocio, buscándoles un futuro más lucrativo y más valorizado por los conceptos mundanos. Sin embargo, como nos muestra el Dr. Plinio en el presente artículo, la elevada misión sacerdotal debe ser abrazada por miembros de todas las camadas sociales, y siempre será un motivo de honra para una familia.

(Artículo transcrito de O legionário del 13.11.1938; se preservaron las fechas y el contexto del texto original)

En la multiplicidad admirable y promisoria de las obras de apostolado que florecen en la Arquidiócesis de São Paulo, es muy posible que se oblitere la noción indispensable de que la obra fundamental, el eje necesario, el único centro de gravedad de todo el trabajo que actualmente se realiza, es la Obra de las Vocaciones.

Florón del patrimonio moral de cualquier linaje

Lo que sobre todo quiero probar es que todas las clases sociales tienen la obligación de concurrir con un contingente apreciable para el reclutamiento de las filas sacerdotales, y que el sacerdocio, en lugar de ser un encargo oneroso del cual huyen las familias, debe ser considerado una honra sublime, un florón del patrimonio moral de la familia, sin el cual no estarán completas las glorias de cualquier linaje, por más antiguo e ilustre que sea.

Esta observación tiene su importancia. El Rvmo. P. Garrigou-Lagrange le dio un fuerte relieve en la conferencia que pronunció en nuestra Curia Metropolitana a propósito de las vocaciones al sacerdocio. Realmente no es justo que se esquiven las familias más abastadas y más ilustres, de dar sus hijos a la Santa Iglesia, entregándolos a la vida religiosa o sacerdotal. No se comprende que entre nosotros este estado de cosas perdure por más tiempo. Él genera inconvenientes graves para la propia tarea apostólica y constituye un síntoma irrefutable de una crisis moral seria.

Los inconvenientes derivados del hecho de que casi no se recluten sacerdotes en ciertas camadas sociales son evidentes. La Santa Sede, hoy más que nunca, insiste en que el apostolado sea preferiblemente desarrollado por personas del propio medio social. Con relación a la Acción Católica esta es una norma esencial. Evidentemente, ella pierde mucho de su vigor cuando ya no se trata más del apostolado de laicos, sino de las actividades de la propia Jerarquía Eclesiástica. A pesar de esto, aún en este terreno ella conserva una oportunidad que los espíritus previdentes no podrán contestar.

La clase alta, el ambiente más refractario al sacerdocio

No conviene que lleguemos a generalizaciones falsas y temerarias. Sería erróneo sustentar que no se encuentran sacerdotes en Brasil en las familias más ilustres. Sin embargo, es incontestable que ese es el ambiente más refractario al reclutamiento sacerdotal. Evidentemente, la Iglesia no necesita sacerdotes de esta o de aquella clase para realizar su tarea. Tanto puede un sacerdote de familia obrera hacer su apostolado en las clases sociales más altas, cuanto puede otro sacerdote hijo de una familia ilustre dedicarse al apostolado entre proletarios. Sin embargo, es cierto que el apostolado hecho por una persona del propio medio tiene ventajas que nadie puede ignorar, y que deben ser tomadas en su debida consideración.

En cuanto a la crisis moral que esa abstención revela, es muy seria.

En último análisis, esto significa que el espíritu de abnegación, de entrega, de renuncia, escasea en nuestras clases dirigentes. Efectivamente, si hay un retraimiento en relación con el sacerdocio, esto se debe no raras veces al hecho de que la vida de un sacerdote parece – y esta impresión es verdadera – muy poco ventajosa bajo el punto de vista de honras y de lucros. De tal suerte que las familias desvían intencional y hasta pertinazmente a sus hijos de la vocación que Dios les da.

Si este es el espíritu de las clases dirigentes en un país, ¿qué abismos, qué nubes se pueden antever en su camino?

Una obra providencial

El hecho no se demuestra apenas en cuanto a la vocación sacerdotal. También otras carreras, que ofrecen inconvenientes, son cuidadosamente apartadas por muchas familias.

Un ejemplo de esto está en las carreras del Ejército y de la Marina, de las cuales, por egoísmo y mediante violencia, son apartadas muchas vocaciones auténticas.

¿Por qué? Porque evidentemente es más lucrativo ser banquero que ser sacerdote o militar. Y por eso todos quieren ser diplomados y banqueros. Y pocos se empeñan en vestir la sotana o el uniforme militar.

Cabe a la Obra de las Vocaciones remover este y otros obstáculos. Y ella lo ha hecho magníficamente. (…) Por eso, las autoridades eclesiásticas le dieron su más entero apoyo. Y el Legionário, que es por naturaleza un servidor de todas las causas santas, no podría dejar de llamar sobre esta la atención de sus lectores.

(Revista Dr. Plinio, No. 104, noviembre de 2006, p. 10-13, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Transcrito de O Legionário del 13.11.1938. Título y subtítulos de la redacción de la Revista)

El sacerdocio, una honra sublime

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