Heraldos del Evangelio México

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Quiénes somos

Los Heraldos del Evangelio somos una Asociación Internacional Privada de Fieles de Derecho Pontificio, la primera a ser erigida por la Santa Sede en el tercer milenio, con ocasión de la fiesta de la Cátedra de San Pedro, el 22 de febrero de 2001.
La Asociación se halla actualmente presente en setenta y ocho países. Los consagrados, de vida comunitaria se dedican íntegramente a la oración, el estudio y el apostolado. Hay una rama masculina y una rama femenina.

Los cooperadores, en su mayoría matrimonios, santificándose en su vida familiar y profesional, siguen la espiritualidad de los Heraldos del Evangelio y dedican su tiempo libre a la evangelización en sus diócesis y parroquias, y a las actividades de la asociación. Los miembros solidarios colaboran según sus posibilidades con los objetivos de la institución.
"Cooperadores de los Heraldos del Evangelio"
"Ponemos énfasis en una sólida formación humana"
Ponemos el énfasis en mostrar a los jóvenes la belleza y la alegría de seguir a Cristo bajo la mirada materna de la Virgen María, dándoles una sólida formación humana, basada en la disciplina de la voluntad y de la inteligencia, así como una profunda formación religiosa, alimentando su vida de piedad y su entusiasmo por lo sobrenatural.
Los miembros que abrazan la vida en comunidad, aunque no profesan votos y se mantienen en estado de laicos en nuestra asociación – con la excepción de algunos que abrazan las vías del sacerdocio – procuran practicar en toda su fascinante pureza, los consejos evangélicos. Viven normalmente en comunidades masculinas o femeninas en un ambiente de caridad fraterna y disciplina. En sus casas se fomenta la vida de oración y estudio, de acuerdo con la sabia orientación que diera el Papa San Juan Pablo II:
"En nuestras casas se fomenta una vida de oración y estudio"

“La formación de los fieles laicos tiene como objetivo fundamental el descubrimiento cada vez más claro de la propia vocación y la disponibilidad cada vez mayor para vivirla en el cumplimiento de la propia misión”. (CHRISTIFIDELIS LAICI, 58).

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