Heraldos del Evangelio México

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La cadena indestructible de María

Nuestra Señora nos ha asociado a la guerra contra el mal para que aplastemos el fútil orgullo del dragón. En esta lucha, es de gran valía la unión existente entre los que por Ella combaten.

Hna. Aline Karolina de Souza Lima, EP

27 de febrero 2022

Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu raza y su descendencia» (Gén 3, 15), sentenció el Creador tras la caída de nuestros primeros padres. Se trata de una guerra librada entre dos adversarios irreconciliables: la estirpe de los hijos de la Virgen bajo las órdenes de su Soberana y la raza de los secuaces de la serpiente con su líder.

Este antagonismo se halla plasmado en la imagen de Nuestra Señora del Apocalipsis, que retrata a la Madre de Jesús conforme fue contemplada por San Juan en la isla de Patmos: una dama vestida de sol, con la luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas sobre su cabeza (cf. Ap 12, 1). Sin embargo, en la escultura resalta otro aspecto que no consta en el libro bíblico: María, la capitana de las tropas del Altísimo, aplasta y castiga al dragón infernal tan sólo con su calcañar y una cadena. ¡Magnífica figura!

Simbólica en todos sus detalles, la representación despierta curiosidad: ¿qué significa más concretamente la cadena?

La cadena metálica está formada por la concatenación de eslabones individuales engarzados unos con otros. Puesta en las manos de la Santísima Virgen puede simbolizar a las almas escogidas por Ella y el vínculo existente entre estos elegidos. La mutua conexión de espíritus está fundamentada en el amor a Dios y por tal motivo cumplen idéntico propósito; en suma, se trata de la unión de inteligencias y de voluntades de los hijos de la luz, en plena consonancia con su Reina.

En este sentido, San Luis María Grignion de Montfort exhorta en una de sus obras: «Uníos fuertemente mediante la unión del espíritu y del corazón, que es infinitamente más fuerte y terrible para el mundo y para el infierno que, para los enemigos del Estado, las fuerzas exteriores de un reino bien unido».1 Y a continuación el santo mariano exclama con vehemencia: «Los demonios se unen para perderos; ¡uníos para derrotarlos!».2

Comentando estas palabras, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira explica que se trata de «la visión de la lucha como enfrentamiento entre dos uniones, las cuales no significan coligaciones estratégicas de fuerzas, sino de amores opuestos, que definen la victoria o la derrota, ante todo por su distinta intensidad».3

La Santísima Virgen decide vencer al demonio no únicamente aplastándolo con su purísimo calcañar, sino haciendo uso de esa cadena que son sus elegidos, para humillar el fútil orgullo del dragón. ¡Henos aquí asociados a las guerras de María contra el mal!

No obstante, para que la victoria tenga lugar, hemos de permanecer unidos, coparticipando del mismo ideal y no desligándonos nunca de los demás.

Grandes acontecimientos se avecinan; lo que le espera a la humanidad, sólo Dios lo sabe. En esta coyuntura, la cohesión entre los que constituyen el ejército de la Reina del universo es esencial, ya que solamente juntos podemos obtener de Ella todas las gracias y medios necesarios para la realización de nuestra misión en la Iglesia. Basta con estar vigilantes para que no corramos la suerte inevitablemente reservada a quienes desearen ser eslabones separados: la derrota.

Estemos, por tanto, bien unidos y con nuestros corazones clavados en la Generalísima de los ejércitos de Dios, para convertirnos en instrumentos eficaces en las manos de aquella que «es imponente como un batallón en orden de combate» (cf. Cant 6, 10). ◊

Notas

1 SAN LUIS MARÍA DE MONTFORT. Carta circular aos amigos da Cruz. Rio de Janeiro: Santa Maria, 1954, pp. 13-14.

2 Ídem, p.14.

3 CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. A Carta circular aos amigos da Cruz — II. União dos espíritos e dos corações. In: Dr. Plinio. São Paulo. Año X. N.º 113 (ago, 2007); p. 15.

Hna. Aline Karolina de Souza Lima, EP

La cadena indestructible de María

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