Heraldos del Evangelio México

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Origen

La obra de los Heraldos del Evangelio nació en Sao Paulo, Brasil, fruto del ardor evangelizador de Mons. João Clá Dias. remota juventud, sintió en su interior sintió en su interior un intenso deseo de hacer el bien, especialmente con los jóvenes. En determinado momento, sus caminos se cruzaron con los del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, importante líder católico brasileño del siglo pasado, dando así la oportunidad a la germinación de algo novedoso en la Iglesia: el carisma de los Heraldos del Evangelio.

Así fue que todo comenzó:

I – Infancia

Hijo de Antonio Clá Días y Annita Scognamiglio Clá Días, nació el 15 de agosto de 1939 en São Paulo, Brasil. Mons. João Clá Días recibió el Bautismo el 15 de junio de 1940 en la Iglesia de San José de Ipiranga.

Desde la primera infancia, la Providencia le otorgó el don de la contemplación, así como la facilidad de percibir, a través de todas las criaturas, la acción de Dios. Entonces, durante ciertas noches de insomnio, solía sentarse en el alféizar de su habitación para admirar las estrellas durante mucho tiempo. Esa maravillosa y lenta procesión de centelleos, vista por su imaginación infantil como siendo el movimiento de los propios astros, le causaba una profunda impresión.

II - Primera comunión

La devoción eucarística afloró en su alma muy temprano, alrededor de los cinco años de edad, cuando se dio un hecho que marcó su vida.

Al entrar en la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, perteneciente a los Padres Agustinos, en el barrio de Ipiranga, se encontró por vez primera con el Santísimo Sacramento expuesto, justo en el instante en el que el Sacerdote se preparaba para dar la bendición. Inexplicablemente atraído hacia esa Hostia blanca, sobre cuyo misterio aún no se había instruido, así como por ese ambiente de santidad y recogimiento, pronto concluyó estar en la presencia de Dios. La sensación de extraordinaria grandeza y majestad, pero al mismo tiempo el efecto de la infinita bondad de Jesús, constituyó para él una invitación a ser bueno y el punto de partida de una devoción eucarística que, a lo largo de los años, solo crecería y se sublimaría. Durante sus estudios, Mons. João siempre se distinguió como el primer alumno de la clase, demostrando una aptitud especial para las matemáticas y las artes. Sin embargo, fueron las clases de Catecismo y las narrativas de la Historia Sagrada las que constituían su encanto y lo colmaron de fe. La Confirmación, realizada el 26 de enero de 1948, así como la Primera Comunión, el 31 de octubre del mismo año, dilataron aún más esa verdadera pasión que siempre tuvo por todo cuanto se refería a la vida sobrenatural y a la religión.

III - Adolescencia

En el inicio de la adolescencia, entrando en choque con la decadencia moral y la vulgaridad ya reinantes en la sociedad de aquella época, lamentó que no hubiese quién las combatiera con el debido vigor.

En su joven corazón anhelaba revertir de alguna manera la hermosa armonía sideral contemplada en la infancia hacia la vida social de sus compañeros, añadiendo una nota religiosa. Era el soplo del Espíritu Santo, que lo impulsaba al servicio de los demás dentro de los muros sagrados de la Santa Iglesia. Bajo la influencia de estas gracias, al despuntar la juventud, ese empeño por apoyar a sus coetáneos pronto se hizo más explícito: de ahí su propensión a la medicina, la psicología y las artes, así como su sueño de fundar una asociación de jóvenes para evitar que se perdiesen, relacionarlos con Dios y apoyarlos en los caminos de la perfección. Le angustiaba ver cuántas personas se dejaban esclavizar por el egoísmo y actuaban solo por sus propios intereses. Sin embargo, una certeza, proveniente de la fe, le decía: “¡Debe haber un hombre completamente bueno y desinteresado en el mundo! Él está en mi camino y algún día lo encontraré. Entonces, por la noche, se arrodillaba a los pies de la cama y, llorando, rezaba fervientemente treinta Avemarías pidiendo conocer lo antes posible a este hombre, cuya silueta, por singular favor del cielo, ya vislumbraba, aunque no con toda nitidez.

IV - Encuentro con el Dr. Plinio Corrȇa de Oliveira

Fue entonces que el 7 de julio de 1956, primer día de la novena a Nuestra Señora del Carmen, Mons. João conoció a Plinio Corrêa de Oliveira, el varón que iluminó sus caminos.

Fue con este encuentro, que Mons. João se sintió llamado a la plena integridad de hijo de la Santa Iglesia, para con ella, en ella y por ella, luchar por el buen orden de la sociedad. Lo que estaba buscando lo encontró, ¡y estaba feliz! Tenía entonces casi 17 años. Por su parte, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, líder católico que marcó el siglo XX de punta a punta con el resplandor de su fe y su audaz militancia por los ideales de la Santa Iglesia, había concebido de niño la constitución de una Orden Religiosa de Caballería adaptada a las circunstancias modernas, destinada a actuar junto a la opinión pública para reformarla. En 1928, al unirse al Movimiento Católico como congregado mariano, había reunido allí un núcleo de amigos, pero carecía de un ‘brazo derecho’ que, compartiendo sus pensamientos y deliberaciones, ejecutase plenamente sus designios. Años después, en una carta a Mons. João, escribió el Dr. Plinio, recordando las amarguras de ese período de aislamiento: “Recuerde esa súplica que se cantaba en la Congregación Mariana: ‘Da pacem, Domine, in diebus nostris, quia non est allius qui pugnat pro nobis nisi Tu, Deus noster’ – Dad la paz, Señor, a nuestros días, porque no hay nadie que pelee por nosotros sino Vos, nuestro Dios. ¡Cuántas y cuántas veces recé en ese sentido! Para que Nuestra Señora me diera paz en mis días, porque no había nadie que luchara por mí, excepto Deus noster, por lo tanto, Nuestra Señora. ¡Más tarde Ella me dio a João, un gran luchador por mí!”.
El Dr. Plinio se convirtió en el formador de la mentalidad de Mons. João y, también, lo fortaleció en la perseverancia de las decisiones adoptadas por sus atrayentes influencias. Fue por la lógica de sus maravillosas exposiciones, por la claridad de su pensamiento, así como por el agradable aroma de su inocencia, que Mons. João decidió abandonar todo y a todos para servir mejor a Dios bajo su guía y consejo. Junto a ese varón pasó cuarenta años de convivencia con lo sobrenatural, con la nobleza del alma, la elevación del espíritu, el celo por la Iglesia y la sociedad, en total veneración por todas y cada una de las jerarquías; en especial, una casi adoración por el Papado.

V - Congregación Mariana

Entre los años 1957 a 1960, como primicias de los hechos apostólicos que desarrollaría posteriormente, Mons. João ingresó en las Congregaciones Marianas.

También fue admitido en la Orden Tercera del Carmen y se consagró como esclavo de amor a la Santísima Virgen según el método de San Luis María Grignion de Montfort. En 1958, fue llamado a prestar servicio militar en la recién creada Séptima Compañía de Guardias, del Batallón de Infantería No. 25 en São Paulo. Allí se destacó por su disciplina, voz de mando y habilidad militar, lo que le valió la Medalla Mariscal Hermes da Fonseca. Además, fue galardonado con el diploma de Mención de Honor, por exhibir un buen comportamiento durante su estadía en las filas del Ejército, trabajando en nombre de la Unidad y consiguiendo con sus esfuerzos el alto concepto de que goza esta Séptima Compañía de Guardias. Por otra parte, consciente de la eficacia de la música como medio de evangelización, Monseñor João perfeccionó sus conocimientos con el reconocido maestro Miguel Arqueróns, director de la Coral Paulistana del Teatro Municipal de São Paulo.

VI – Doña Lucilia

La bondadosísima madre del Dr. Plinio, Doña Lucilia Ribeiro dos Santos Corrêa de Oliveira, fue para Mons. João, según su propia expresión, “el ángel de la guarda” que lo ayudó a comprender más profundamente la infinita misericordia del Sagrado Corazón de Jesús.

Él, de su lado, desempeñó junto a ella un auténtico papel de hijo, durante los últimos meses de su existencia, antes de su fallecimiento en 1968.

VII - Formación Intelectual

Teniendo en vista la formación intelectual, espiritual y doctrinal de sus seguidores, Mons. João realizó estudios teológicos, con especial énfasis en Santo Tomás.

Además de cursar Derecho en la tradicional Facultad del Largo de San Francisco en São Paulo, también se licenció en Humanidades en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, de Santo Domingo, República Dominicana; obtuvo una maestría en Psicología de la Universidad Católica de Colombia; se doctoró en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum), de Roma, así como en Teología por la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín, Colombia. Mons. João también es miembro de la Sociedad Internacional Santo Tomás de Aquino (SITA), de la Academia Marial de Aparecida y fue miembro de la Pontificia Academia de la Inmaculada. Fue galardonado en varios países por su actividad cultural y científica, recibiendo la Medalla de Ciencias de México y la Medalla Anchieta, esta última considerada la más alta honra de la ciudad de São Paulo. Mons. João fundó el Instituto Filosófico Aristotélico-Tomista (IFAT) y el Instituto Teológico Santo Tomás de Aquino (ITTA), así como el Instituto Filosófico-Teológico Santa Escolástica (IFTE), para la rama femenina de los Heraldos del Evangelio.

VIII - Vocación Sacerdotal

“Quiero unirme más a Jesús, quiero ser su vehículo para absolver a cuantos encuentre en busca del perdón divino, quiero ser consumido como una hostia al servicio de Él en beneficio de mis hermanos y hermanas” (Carta Privada de Monseñor João, 25/4/2005).

Una inquietud misteriosa lo invitaba a más y más, arrebatándolo en su interior. Junto al Santísimo Sacramento del Altar - por el cual, desde los primeros días, se había grabado un ardor especial en su corazón infantil - su ser no solo entraba en calma, sino que siempre se sentía de cierto modo angelizado y dispuesto a todos los holocaustos. ¿Cómo acercarnos aún más a Él, ser uno con Él, ser otro Él mismo, conociéndolo y amándolo más fervientemente, y así servir a la Santa Iglesia y a la sociedad con perfección? Buscando el auxilio de la gracia, manteniendo siempre el celibato y la castidad prometidos a Dios décadas atrás, surgió, irresistible y claro como un sol, el deseo entrañado de caminar por las vías sacerdotales, culminando así en cuanto a la forma, su travesía de donación total a Dios y a la causa de la Santa Iglesia. Por eso, el 15 de junio de 2005, con otros 14 miembros de los Heraldos del Evangelio, Mons. João fue ordenado sacerdote en la Basílica de Nuestra Señora del Carmen en São Paulo. Para dar cuerpo a la rama sacerdotal de su obra, fundó la Sociedad Clerical de Vida Apostólica Virgo Flos Carmeli.

Aprobada por Su Santidad Benedicto XVI el 21 de abril de 2009, 

ella ahora cuenta con cerca de 200 sacerdotes.

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