STABAT MATER
La Madre piadosa parada junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía.
¡Oh, cuán triste y cuán aflicta se vio la Madre bendita, de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.
Y ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado, que rindió desamparado el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo en la cruz, donde le veo, tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!, llore ya con ansias tantas, que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte tenga en mi alma, de suerte que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda, y contigo me defienda en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria.
Amén.
Abr 4
Hoy es Sábado Santo y es un día de espera. Jesús se encuentra en el sepulcro y es María quien acompaña a la Iglesia.
María es la madre de la paciente espera, aunque está dolida por la muerte de su hijo. Ella fue la única que mantuvo viva la llama de la fe cuando Cristo fue sepultado.
Abr 4
Buenas noches!
Que el silencio de este Viernes Santo repose en tu alma y te conceda la paz de saber que el amor de Cristo ha vencido incluso en medio del dolor.
Abr 4
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.
Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, que los perdonareis, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida.
Amén.
Abr 4
Padre Manuel Rodríguez, EP.
El P. Manuel Rodríguez, EP, ofrece charlas inspiradoras de formación católica, conectando la fe con la vida diaria y promoviendo el Santo Rosario.
Consagración a la Virgen
Una experiencia que transformará tu vida espiritual y te acercará más a María, la madre de Dios, también tu madre y protectora de tu familia.
Nuestra Misión de Evangelización

La revista Heraldos del Evangelio es una publicación de pago.
Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP
«He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la Fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, Juez justo, me dará en aquel día» (2 Tim 4, 7-8).
Podemos afirmar que el fundador de los Heraldos del Evangelio ha sido un verdadero precursor del Reino de Jesús y María. Desde la eternidad vela por sus hijos, y atiende aquellos que piden por su intercesión.


