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Por voluntad de Dios, el divino Redentor nunca podría haber dicho en la Última Cena «tomad y comed, esto es mi cuerpo», si no lo hubiera recibido de la Virgen María, su Madre.
En tiempos especialmente revueltos, algunos fueron capaces de desafiar a la muerte para defender el Templo y purificar el altar. Y nosotros, teniendo siempre a nuestra disposición en las iglesias al Santísimo Sacramento… ¿cómo actuamos?
«¡Que mi hijo reciba el bautismo cuando él quiera!». No es raro encontrar esta opinión entre familias de raíces «católicas»…
De las castas nupcias entre la fe y la razón procede la sabiduría, que no es más que una participación en el propio conocimiento de Dios.
En esta vida siempre tenemos algo nuevo que aprender sobre la doctrina católica. Por encima de las preocupaciones cotidianas, nuestra atención y nuestro corazón deben aplicarse en empaparnos de ella.
Un santo poco corriente, tanto para nuestra época como para la suya, este dominico alemán soportó terribles dolores físicos y morales, aliviados únicamente por especiales gracias del Cielo.
Dios sigue siendo un misterio. Pero un misterio positivo, que, desde nuestras incipientes nociones, nos impulsa siempre hacia sucesivas e interminables investigaciones y descubrimientos. Nuestro conocimiento de Dios es una ventana a la luz del cielo, un cielo infinito.
Uno de los momentos más bellos y simbólicos del Sábado Santo tiene lugar mientras, en la oscuridad y en el silencio, los fieles esperan el comienzo de la celebración.
El hombre se entrega todo por el amor, y se entrega tanto cuanto ama; está, pues, enteramente entregado a Dios, cuando ama enteramente a la divina bondad, y cuando está de esta manera entregado, nada debe amar que pueda apartar su corazón de Dios.
Intrépidos misioneros, eminentes teólogos y hábiles diplomáticos: con la fundación de su obra, San Ignacio de Loyola dotó a la Iglesia de un auténtico cuerpo de élite, ¡repleto de santos!