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No son pocos los que sacrificaron su propia vida a lo largo de la Historia, por Dios o por un ser querido. Pero por un enemigo, ¿quién estaría dispuesto a hacerlo? Es lo que Jesús hizo para salvarnos a cada uno de nosotros.
Cristo perpetuó el sacrificio del Calvario en el rito eucarístico y extendió su acción salvífica en la tierra a través del sacerdocio ministerial.
«Dios honra a los padres en los hijos», reza la Sagrada Escritura (cf. Eclo 3, 3). Convaleciente de una operación en París, un episodio cotidiano le dio a Dña. Lucilia la oportunidad de comprobar cuán verdadero es ese proverbio.
El santo Padre quiere decir que, cuando Dios lanza una flecha de amor a un corazón —esto es, una luz especial con la que le da a conocer su bondad, el amor que le tiene y el deseo que tiene de ser amado por é
El Sacramento del Altar podría llamarse el «Sacramento de la Virgen», pues la Eucaristía nos llegó por María, y por Ella nos dirigimos a la Eucaristía.
Si las ovejas se desaniman, el Señor no deja de favorecerlas, sobre todo enviando buenos pastores; a ellas corresponde participar en el sacerdocio de Cristo mediante la generosidad de seguirlo.
Las relaciones que llamamos «amistad» se establecen casi de forma natural y no podemos vivir sin ellas. Pero… ¿son todas sinceras?
La muerte al pecado significa una nueva vida en Cristo por la caridad. Cuando amamos, entonces vivimos.
Dios Creador se tornó prisionero, el Todopoderoso se hizo delicado y vulnerable… ¿A qué no se sometió por nuestro amor? Vosotros, que lo amáis, defendedlo y si fuere necesario ¡rescatadlo!
La Eucaristía es, ante todo, una demostración del amor de Dios para con nosotros. Ha querido darse a nosotros plenamente para que podamos obtener más de lo que nuestros primeros padres poseían en el paraíso, con vistas a la bienaventuranza eterna.