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Las blasfemias del filisteo resonaron en los oídos del joven hijo de Jesé. ¿Qué actitud adoptar ante las afrentas del enemigo?
Hay personas para las que cualquier contratiempo es un desastre. Sin embargo, el adorable Señor Jesús elevó el papel del dolor en la vida humana a cotas inimaginables, pues lo convirtió en un elemento para que el hombre cumpliera su finalidad en su camino terrenal: configurarse con Cristo, nuestro Redentor, Modelo y Guía.
Las únicas palabras escritas por el divino Redentor, como lo registran los evangelios, nos muestran sus intenciones más profundas para con la humanidad pecadora.
¡La persecución es una bienaventuranza! Y, por lo tanto, estamos en una época en la que ser católico equivale a ser bienaventurado.
«Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Pero, puesto que «del Señor es la tierra y cuanto la llena», ¿qué puede pretender tener el César en exclusiva?
En un mundo agitado por el desorden en las almas, recibimos la invitación a encontrar la humildad y la paz a través del silencio interior.
Huyamos de la ilusión de que al hacer el bien sólo cosecharemos aplausos y elogios. El apóstol debe estar preparado para la persecución y la contradicción.
Ante las incertidumbres de esta vida, jamás nos dejemos invadir por un temor servil que nos aparte de Dios.
El deber de todos aquellos que ejercen una misión profética, pastores o fieles, es ser luz en este mundo de tinieblas.
La noción de un Dios encarnado que nos da ejemplo de humildad y mansedumbre puede parecer común en nuestros días, pero supuso un verdadero cambio de criterios cuando el Señor la predicó.