Category: Artículos

Nadie esperaba el desenlace de esta historia, ni Guejazí, ni el lector… Sobre todo, Dios esperaba un final distinto.
Rodeada de tanta gloria que roza la divinidad misma, María ha merecido, por su eterna elección, perfecta fidelidad y sublime misión, el enternecedor elogio de los primeros de entre sus elegidos: los sumos pontífices.
La promesa del Redentor se mantiene firme: si observamos sus palabras, Él no nos abandonará nunca.
Llegará un momento en el que la opinión pública, unida a la Santísima Virgen, experimentará el amor gratuito, envolvente e inagotable de aquella que será la Reina efectiva de los siglos futuros.
De entre todos los bienaventurados, la Santísima Virgen es la más cercana a nosotros, y en la relación espiritual con Ella se oculta un preciadísimo secreto…
Cierta vez, siendo aún niño, encontró por casualidad un pequeño pergamino. Negándose obstinadamente a soltarlo, lloraba con vehemencia ante los intentos de arrebatárselo por la fuerza.
El eje de la historia es la encarnación del Verbo. Y el Verbo se encarnó en el seno de María. Por medio de Ella, por tanto, el Altísimo tomó las riendas de la historia y continúa sosteniéndolas.
Si bien es cierto que la Virgen, como Hija de Dios, es miembro de la Iglesia, también es Madre y Reina de esa misma Iglesia, además de Madre de todos sus miembros, empezando por su cabeza.
Este párrafo del catecismo, titulado «La predestinación de María», presenta una serie de atributos marianos bíblicos, centrado en el privilegio de la maternidad divina.
Este párrafo del catecismo, titulado «La predestinación de María», presenta una serie de atributos marianos bíblicos, centrado en el privilegio de la maternidad divina.